A miles de kilómetros al sur de Buenos Aires, tres personajes viajan por las solitarias rutas de la Patagonia. Don Justo, un anciano de ochenta años, que es el dueño de un bar de carretera que regenta su hijo, se ha escapado de casa para buscar a su perro desaparecido desde hace tiempo: alguien le ha dicho que lo ha visto en San Julián. A medida que se acerca a esta población, ciertos datos hacen sospechar que las intenciones del anciano van más allá de encontrar al animal: debe resolver ciertos asuntos vitales para poder afrontar la muerte en paz consigo mismo.
En mi piel desfilan horas como puñales
Abren heridas repletas de huesos
Remiendan cicatrices infectadas
Cortan de raíz cualquier recuerdo
Bajo mi piel corre un río remoto
Qué cordillera lo habrá condenado a la vida
De qué mar indiferente será víctima
Horas como horas como años
Piel como piel como tiempo
Demasiada piel
Demasiados años
Que el tiempo no abandone a esta piel reseca
Que en esta herida las horas hallen sangre