La exposición reúnela obra de uno de los artistas más representativos del arte argentino contemporáneo. Durante más de 60 años, Manuel Álvarez (Buenos Aires, 1923) depuró los elementos plásticos hasta alcanzar una obra en la que reinan el equilibrio, el extremo despojamiento y la exacta relación de las formas, regida por la proporción áurea. Justamente, como bien ha señalado Ana María Basttistozzi, “en la precisión reside su poesía”.
Las obras que se exhibirán pertenecen al período 2006, 2007 y 2008, y estarán acompañadas, a modo de testimonio de su producción anterior, por una pintura al óleo sobre tela del año 1954.
Manuel Alvarez inició sus estudios en la Academia de la calle Alsina. En 1943 comenzó a trabajar con Marcos Tiglio, y se contactó con los artistas de Impulso y el Ateneo Popular de La Boca, junto a Victorica y Lacámera, etapa que se prolongó hasta 1949. Pero fue en París, junto a Emilio Pettoruti, donde se produjo el gran cambio en su concepción del espacio, que lo llevó a desconectarse de la geometría ortodoxa. Alvarez incorporó también la vibración del color, anticipándose a las tendencias del Op Art.
Participó en las bienales de Venecia (1956) y de San Pablo y México (1958). Entre sus principales galardones figuran: Premio Sociedad Hebraica Argentina 1950, Gran Premio Adquisición Mar del Plata 1966, y Medalla de Oro en el Salón Nacional 1972.
Horario:
Martes a viernes de 12 a 18 hs. Sábados, domingos y feriados de 10 a 18 hs.
Entrada:
General: $1.Miércoles y sábados, gratis.
Vías de transporte:
Líneas de Colectivos: 10, 34, 37, 130, 161.
Línea de Tren: Mitre – Estación Tres de Febrero.
Febrero moja el cuerpo desteñido
Nada sabe de un mañana gris
Nada de los dientes de la noche
Juega febrero a ser agua sin lamento
Mueve la cola en el umbral del día
Mueve los párpados que su pasión corroe
Camina febrero la tarde vacía
Camina con su fe de erratas
Con efe de olfato duerme
Sueña su vida breve
La vida de un brote en el desierto
Carga la ausencia en el lomo
No hay brazos abiertos que lo esperen
No hay melancolía que su cuero abrigue
Se va febrero llevando su abandono
Como perro al que no ven doblar la esquina