Una búsqueda permanente del alma en un rincón de los más recónditos del planeta. Las fotografías no solo captan un instante sino que también llega a transmitir la sensación de inmensidad, soledad, belleza, paz y armonía de esta porción del territorio argentino.
Patrocinan: Banco Tierra del Fuego, Apache Argentina, Antarplay, Fin del mundo Tierra del Fuego, Gobierno Tierra del Fuego, Municipalidad de Ushuaia y Secretaria Turismo Municipal.
Tierra del Fuego
Andrés Camacho es fotógrafo del paisaje fueguino. Se conocen y se han mirado frente a frente durante años.
Las fotos son producto de esa relación y de un sostenido diálogo animista entre ambos. Pero como a un buen baqueano del lugar, la naturaleza no lo ha abrumado y en sus fotos también aparecen las obras que los hombres han hecho en ese escenario como una presencia contundente. Se trata de construcciones que se imponen por sí mismas.
Los floridos frentes de las estancias y capillas contrastan con su reverso: ovejas rasuradas, o un galpón de esquila con la leyenda "punk rock"; el pabellón del viejo presidio en perspectiva como un ominoso túnel; los barcos encallados. Escenas solitarias sugieren una presencia inquietante: la de la instalación del hombre blanco en el archipiélago. Tal vez la soledad esté allí más presente que en las tomas de la naturaleza desierta.
Antártida
Sus fotos de la Antártida se parecen a imágenes de un viaje espacial de ciencia ficción. Reconocen el territorio enigmático en una galaxia lejana. Junto a sus extraños paisajes se encuentran restos de expediciones anteriores. Una de las principales características del lugar parece ser que el hielo pretende terminar con cualquier intento de colonización humana.
En la Isla Decepción la madera de unos viejos botes se tiñe del color gélido de su entorno; en la costa de la Península Antártica la masa de hielo imita la forma de los restos del ballenero Governor. Por su nombre y su destino la escena parece una ironía. Algo de eso también hay en el contraste entre esos gigantes monstruos que nadan en sus aguas con los restos de una ballenera abandonada en las islas Georgias. Allí permanecen oxidadas e inútiles las cadenas que solían arrastrarlos luego de una dura cacería.
Las bases científicas han poblado la zona pero uno puede sospechar que en ellas continúan preguntándose por la condición extraña de este sitio. La foto de una cocina nos muestra lo que fueron los alimentos enlatados de los primeros astronautas antárticos en la Isla Wiencke. Una de esas bases está sitiada por pingüinos. Ellos se impusieron como los principales representantes de la civilización antártica y, aunque originalmente no conocían a los humanos, los saben parodiar muy bien.
Carlos Masotta